sábado, 24 de febrero de 2018

Lagartija Nick "Mi vida anterior"




viernes, 23 de febrero de 2018

Lagartija Nick "Supercuerda"




Havalina "Música para peces"



Duerme duerme 
Lindo pez 
En tu sueño 
Yo me veo 
Morir 

Duerme duerme 
En mis brazos 
Cada noche 
En cada trazo 
De este amor 
Tan acuático 

Llevo tiempo 
Esperando 
Bajo el agua 
Con las cena 
Para dos 

Duerme duerme 
Lindo pez 
Bajo el agua 
Duerme duerme mi amor 

Cada noche 
Ire a buscarte 
En tu sueño 
Yo me veo 
Morir

lunes, 19 de febrero de 2018

"Barra Libre", muy pronto a la venta


Nuevo libro en el que participo. ¡Muy pronto a la venta!
Seguiremos informando...

Atasco






Crónicas de Vestuario. -"Atasco"

Más que un partido-trampa, se trataba de un choque extraño en un momento difícil del tránsito liguero frente a un rival de trayectoria engañosa. El Albacete logró superar un arranque desastroso de la mano de un entrenador como Enrique Martín, incansable motivador, un torbellino de los banquillos, cuyo carácter le ha llegado a costar hasta un ataque cardiaco, lo que no es de extrañar vista su efervescencia. Diríase que hay muchos puntos en común en la forma de jugar de ambos conjuntos, aunque el Real Oviedo cuenta con mejores argumentos y un armazón con mayor capacidad para resolver en los tramos decisivos, algo que el cuadro manchego consiguió neutralizar en la tarde del sábado.



Venían los azules a mantener su última racha positiva y no pudo ser. El equipo se mostró sin capacidad resolutiva y, lo que es más preocupante, sin profundidad ni ritmo de juego. Fue un choque de amenazas que apenas llegaron y en las que los de Anquela se mostraron romos y con poco acierto en las escasísimas ocasiones de que gozaron, la más clara de ellas de un Cristian Fernández que optó por un remate acrobático a bocajarro que se marchó fuera cuando lo más sencillo parecía haber sido empujarla con el pie dada la altura que había cogido el balón. Malas decisiones en décimas de segundo que también lastraron a los ovetenses.



Cerradas las bandas con un Aarón en crisis de juego y confianza en la derecha, donde Diegui Johannesson tampoco parece estar en sus mejores días, y una izquierda donde tampoco se vieron asociaciones brillantes entre Mossa y Saúl Berjón, y con una zona de construcción sin el castigado David Rocha y un Hidi excesivamente precavido y con poca iniciativa, el trabajo del Albacete se limitó a no complicarse en exceso la vida y buscar un zarpazo a la contra que, por fortuna, no llegaría.



Probó opciones Anquela con el deseado Fabbrini, aún muy falto de ritmo, y el partido se fue diluyendo en una ola de inconsistencia. Como siempre decimos, el tránsito es largo y ahora parece que nos encontramos en ese lugar donde solventar dudas, aplicarse en las virtudes, redoblar la fe en la identidad propia y en recuperar la forma de ser, son los elementos trascendentales para superar este muro maratoniano del que ya hablamos, ese momento en que aparecen las crisis y la mente debe permanecer inquebrantable. Una tarea donde han de entrar nuevos actores y en la que los habituales deben intentar redescubrirse, recuperar su fe en sí mismos. Siempre es importante sumar en un tránsito así, tan largo como el de la Segunda. Olvidarse de las rachas, abrir una nueva. Queda lo mejor, lo más duro. Confiemos y no desesperemos.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: J.L.G.FIERROS

sábado, 17 de febrero de 2018

El valor de lo básico


El Tocadiscos. -

El valor de lo básico”


LOS TAL “Colegas”

Acme Studios

13 canciones. 10€.

Enroscados en esa montaña rusa de la moda inmediata, de los modos y modas que nos envían los popes que imponen desde ciertas publicaciones y programas qué es y qué no es, podemos perder la perspectiva de unos valores que no cambian, que son imperecederos si se consigue tocar esa tecla sagrada para que el rito de “sólo es rock´n´roll, pero me gusta” funcione.

Los de Sotrondio lo consiguen de una forma rotunda en este su tercer (y mejor) álbum. Funcionan las guitarras, funcionan las canciones, funcionan los riffs y funcionan los estribillos. También, todas sus intenciones. Intenciones, que no son pretensiones. Intenciones que nos llevan a un concepto básico donde se mezclan el hardrock, el bluesrock, el rock´n´roll de guitarras americano, sin otro propósito que pasar un buen momento. Decir esto en estos tiempos puede resultar casi un sacrilegio, pero cuando te encuentras con una canción como “Tú verás si merece la pena”, que nos remite a ese entretenimiento puro y duro que proponían los Creedence Clearwater Revival comprenderás que, a veces, lo básico, sin más, puede resultar el mejor de los planes.

Un trabajo para disfrutar sin excusas, para respirar unos momentos de ese rock´n´roll intemporal, bien cuajado (muy a la ejemplar manera de Los Deltonos) y con la suficiente agilidad para liberar complejos y complejinos.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "Culturas" del diario "El Comercio" el sábado 17 de febrero de 2018

The Brian Jonestown Massacre "Anemone"




I, I think I know how I feel
'Cause I, I only play it for real
You should be picking me up instead you're dragging me down
You're flying over my head, you're landing all over town

You, you know that I try
Try to tell you the truth, oh, baby don't make me cry
You should be picking me up instead you're dragging me down
Now I'm missing you more (more)
'cause baby you're not around
Now that you're not around

I, I want to know how it feels
'Cause I, I only play it for real
You should be picking me up instead you're dragging me down
I could be giving you love (love)
But you're not around, now that you're not around
Now that you're not around, glad that you're not around
Glad that you're not around, glad that you're not around
Glad that you're not around, glad that you're not around
Glad that you're not around, glad that you're not around
Glad that you're not around, glad that you're not around
Glad that you're not around, glad that you're not around
Glad that you're not around, glad that you're not around
Glad that you're not around

viernes, 16 de febrero de 2018

Mogwai "20 Size"


domingo, 11 de febrero de 2018

Carnavalada


Crónicas de Vestuario. -

“Carnavalada”

1- Acción, broma o fiesta propia del carnaval.

2- Asunto o hecho que resulta grotesco por no tener la seriedad que le es propia.
(Fuente: Real Academia de la Lengua Española.)
Para lo acontecido en el Ramón de Carranza debemos tomar la segunda acepción que nos propone la RAE. Sólo así se puede explicar lo sucedido en este Cádiz- Real Oviedo que se cargó sin miramientos, sin vergüenza, sin ambages, el árbitro canario Juan Luis Pulido Santana con una psicodélica expulsión que sólo estuvo en una mente calenturienta que ya había comenzado a dar pequeñas -sibilinas- señales en los minutos previos. Creíamos que después de los sucesivos escándalos de David Pérez Pallás ya estaríamos a salvo de actuaciones vergonzosas, pero no, aún nos quedaba este trencilla especialista en lesionarse en playoffs decisivos. A las sospechas a sus actuaciones (¿debería entrecomillar esto?) recibió el “justo castigo” -premio, no se equivoquen con mi sarcasmo- de lograr un ascenso para seguir perpetrando arbitrajes como el del sábado que tuvieron su culmen en la expulsión de David Rocha por disputar con vehemencia un balón. Un poco de teatrillo y charanga de parte del jugador amarillo (el color del Las Palmas, también, igual por ello se “confundió” el colegiado) Carpio, quien minuto y pico después había olvidado de qué pierna cojeaba, y una roja de regalo para que el carnaval se travistiese de atraco. Como no hay carnaval sin palmeros, Perea se unió a la charanga con unas declaraciones vergonzosas justificando el robo en la peor tradición de aquellos que niegan la realidad sólo cuando benefician a sus propios intereses. Tomamos nota, que la memoria suele ser implacable en estos casos.

Había comenzado el Cádiz impetuoso pero sin excesivas luces ni profundidad, a base de patadones al área, uno de los cuales remató Barral para que Alfonso Herrero mostrase sus mejores virtudes estirándose para enviar a saque de esquina. Como si esa jugada sirviera de acicate, el equipo azul se levantó y pasó a mandar, con pausa, desgastando en la presión a los gaditanos, moviendo el balón en busca de la profundidad hasta que llegó la carnavalada arbitral que hermanó a Las Palmas con Cádiz. Ya saben: las dos fiestas de la época más famosas en España. Carnal y Cuaresma unidos para un entierro de la sardina, de la limpieza, para manchar bien la competición ahora que algunos amigos -perdón, presuntos amigos- de los maletines y demás asquerosidades parece que van a pagar por sus presuntos delitos. Uno de ellos estuvo sentado en ese palco hasta hace poco... Lo peor de las injusticias es que cuando llegan la ley y el orden el tiempo ya ha transcurrido...

Finiquitado el primer tiempo tras unos ajustes donde se dejó la defensa de cinco trasladando a Forlín al doble pivote junto a un inmenso Ramón Folch -quien antes había recibido un entradón por detrás digno de tarjeta amarilla que no llegó, la astracanada de Pulido en estado puro- para lograr una estabilidad que no descompensase al once que eran diez.

La segunda parte supuso un desgaste tremendo para un conjunto azul que se negaba a darse por vencido, que seguía luchando frente a un reservón cuadro amarillo y que supo explotar sus virtudes para anotar el primer tanto por mediación de Linares tras otro excepcional centro de Saúl Berjón al botar una falta. Anquela mostraba su ojo reemplazando a un oscurecido Aarón Ñíguez por Cotugno, tratando de conservar la ventaja, pero el empuje del Cádiz, que a raíz del gol asturiano se lanzó a una ofensiva total, conseguía remontar el tanteador. Una nueva carnavalada de Pulido Santana tras comerse una clamorosa mano en la jugada previa al gol (un déjà vu del partido del Rayo Vallecano, la cuenta de los robos permanece abierta por desgracia) permitió el injusto resultado.

Se termina una racha espectacular de diez partidos invictos, tres meses donde incluso se han merecido mejores resultados -Huesca, Rayo Vallecano- pero que muestra la aplastante realidad de un bloque compacto, solidario, unido, con fe, que transmite esperanza desde su propia coherencia. Toca levantarse, pronto. Porque se está en la buena línea y el tránsito que aún queda es el más duro.

MANOLO D. ABAD
Foto: J.L.G.FIERROS

Tiempos perdidos


El Tocadiscos. -

“Tiempos perdidos”


FLY MOSQUITO “Al diablo con los perjuicios”

Robot Records
8 canciones. 10 €.
Cuando uno escucha a grupos como los ovetenses Fly Mosquito se da cuenta de cómo han cambiado los tiempos (musicales) en las dos últimas décadas. Se habrá podido asimilar cierta movida, pero lo que no ha cambiado es el planteamiento de ciertos prejuicios (que no perjuicios como en el título). Es como si aquellas “Hornadas Irritantes” que encabezaban los inigualables Derribos Arias y a los que siguieron formaciones como Polanski y el Ardor, Sindicato Malone o Glutamato Yeyé no hubieran existido. Si quienes ponen el grito en el cielo por ciertas canciones les escucharan ahora seguro que emprenderían las más duras acciones legales para reprenderles.

Siguiendo esa senda perdida de incomodidad políticamente incorrecta, la banda que encabeza Gus González se afana en un punk chatarrero con formas de inmediatez rockabilesca en lo musical para sacarle afilada punta a todas sus composiciones. Que serían perseguidos por los guardianes de la moral no nos cabría ninguna duda. Que representan un estímulo necesario en estos tiempos de inmovilismo puritanista, tampoco.

¿Los prohibirán próximamente? ¿Serán perseguidos como un estigma de tiempos hoy perdidos en los túneles de la memoria? La respuesta en este sarpullido a ocho canciones, verdadero revulsivo para afrontar estos días de tantas (e innecesarias) cazas de brujas.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "Culturas" del diario "El Comercio" el sábado 10 de febrero de 2018

The Traveling Zoo "Naufragando"


René de Coupaud (1952-2018)

martes, 6 de febrero de 2018

La victoria más deseada


Crónicas de Vestuario. –

“La victoria más deseada”


A nadie, a ningún aficionado al fútbol, a ninguno de los que forman parte de todo este deporte-espectáculo se le escapa, lo puede negar, que un derby (yo lo pongo en inglés, homenaje al equipo que dio nombre a ello, disculpen la incorrección en español) es algo especial. Si se produce tras tres lustros donde hubo guerras civiles, intereses espúreos creados y barro, mucho barro (pero no en los campos, en las instituciones y demás despachos) la cosa alcanza unas proporciones que superan la épica. Si, visto lo visto en el campo –que no barrizal- hay tal aplastante superioridad que sólo quedan como recurso rabietas infantiles, la dimensión llega a las proporciones que sólo podrían cantar los Stranglers en “No more héroes”.



Porque no se necesitan héroes. Porque la vida y la victoria están ahí. Sólo contemplar el nuevo estadio, único en el mundo donde los fondos son este-oeste producto de una especulación lamentable de un gobierno local que campó a sus anchas durante dos décadas, ya es añorar nuestra magnífica bombonera de Buenavista donde tanto disfrutamos. Algunos…, porque tras catorce años –¡una generación!- hubo demasiada gente que no supo lo que era un derby. Pero llegó. Sí, sí, llegó. Impresionaba el Nuevo Carlos Tartiere, pero… ¿se imaginan al viejo?



No es tiempo de añoranzas. No es tiempo de recordar. No. Es tiempo de mirar hacia delante. Es tiempo de disfrutar. De disfrutar mucho. De brindar y de mirar hacia delante. Sólo de estúpidos y de interesados es tratar de sacar partido de esto o de aquello. Vivamos el momento. Aunque ese mismo momento nos obligue a pensar en el Cádiz. En el próximo sábado.



Regresemos al partido. ¡Menudo partido! Un equipo contra once jugadores. Un bloque contra una colección de jugadores. Desde el primer minuto, el Real Oviedo tuvo el mando del juego, de tal forma que hasta el minuto 21 no llegó el primer remate del eterno rival. Tras una jugada de billar, tres rebotes, llegó el gol del exjugador azul reenganchado en el mercado de invierno Jony. En ese momento, pensé: “esto lo vamos a remontar”. Porque este conjunto azul posee fuerza –se la transmite su entrenador-, porque tiene fe, porque creer en uno mismo y ganar.



Y llegó el gol. Y hubo oportunidades antes. No vamos a hablar del penalti a Carlos Hernández antes del 0-1, porque de los mediocres es poner excusas, de los zafios es negar la mayor. La elegancia no son unos trapitos: la elegancia es reconocer la derrota, la elegancia es ser educado, no mentir sino ser consecuente con los hechos.



Otro gol. El de la jornada. Mossa, Mossa, Mossa, buen momento para que digamos: ¡Mossa! Y un repaso bestial en la segunda parte. No vamos a profundizar a nivel táctico, pero la propuesta a uno y otro lado era abismal. El Sporting ha sido el peor equipo que ha visitado el Tartiere en esta temporada, sin lugar a ninguna duda. Tácticamente, inexistente. A nivel de intensidad, cero. No hubo mayor herida quizás porque la propia emoción de un derby los libró de ser masacrados.




Y la “haka”. ¡Me encanta la haka, joder! ¡Hay que celebrar, mucho! A los mediocres y llorones, a esos que parecen un baboso José Sacristán de una película de José Luis Garci, a los que sacaron partido de los días tristes, a los estraperlistas –los que hemos estudiado historia sabemos cuántos agentes dobles hubo en la Guerra Civil española, cómo no en la del Real Oviedo-, y a los tuercebotas, juntaletras y destajistas, a esos, mejor los olviden. Disfrutemos de la grandeza, no de los mediocres.



Mi corolario serían las palabras del patrón Arturo Elías: “Unidad, humidad y trabajo (duro)”. Casi parecen dichas por Juan Antonio Anquela. ¿O fue el jienense quien lo dijo antes?




La liga no da descanso y el sábado hay otra prueba, que casi no sabría cómo denominar porque este tránsito no deja descanso. Aunque uno tiene la sensación de que este gran grupo está preparado para todo.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: JOSÉ LUIS GONZÁLEZ FIERROS


sábado, 3 de febrero de 2018

Una historia de mi vida


Una historia de mi vida”

Mi padre nació en Gijón, en el Natahoyo, y mi madre en una aldea de Viséu (Portugal). Casi de casualidad, llegué a este mundo. El médico no aparecía, tampoco la comadrona y, gracias a una monja, pude ver la luz de este mundo en la falda del Naranco. Soy ovetense, de primera generación, sin las raíces de otros, pero me siento ovetense, profundamente ovetense. Y ser de Oviedo, de mi ciudad, es ser también del Real Oviedo, no quepa ninguna duda.

Me gusta el fútbol. De pequeños, soñábamos con vernos sobre un terreno de juego, marcar los goles de la vida, vencer en todas y cada una de las batallas que en tantas ocasiones, las más, se pierden. Nunca fui un portento técnico, quizás pude serlo físico, pero eso se pierde en las tardes, los meses, los años. Poco importa eso ya. Pero siempre tuve una memoria, una grandísima memoria que me permitía –en tiempos donde no había grandes posibilidades de cultivarla- guardar datos de todo tipo. Con los cromos, con la revista “Don Balón”, con los “Superdinámicos” llegué a almacenar un montón de estadísticas inusuales para un niño de siete años. Mi padre –como mi madre- trabajaba en RNE. Como se ocupaba de los equipos técnicos, tuve la posibilidad de acompañarle en su trabajo. Una de las primeras tardes sucedió en el estadio El Molinón. Me había invitado el llorado periodista del diario “El Comercio” Jenaro Allongo. El Sporting de Gijón vivía días de gloria en los pies de algunos de sus mejores jugadores: Quini, Ferrero, Morán, Mesa, Redondo, Doria,… y allí estaba yo, en las cabinas de la prensa. Me sentaron en un taburete junto a José Luis López del Valle que intervenía en el carrusel de RNE, mientras le comentaba un sinfín de datos. Al descanso, todos los periodistas salieron al pequeño pasillo. Allí, Allongo me interrogó sobre mis preferencias.

-Tú, Manolín, ¿de quién eres?

El Real Oviedo había vuelto a caer a Segunda División, pero no me corté.

-¿Yo? –dije, mirando entre un mar de piernas,…: Yo, del Real Oviedo.

El gran Jenaro Allongo no se lo creía, y la risa sonaba a frustración. Algo así como si ellos pensasen “¡joder, con el enano!”.

Pasaron los años y las cosas nunca fueron fáciles. Mi padre me llevaría en algunas ocasiones a las cabinas, pero se negó siempre a pagarme un recibo. “Cuando te lo puedas pagar, adelante”. Y llegó el momento, tendría catorce años, y el Real Oviedo seguía en Segunda División. Incluso llegó a caer otra categoría más: a Segunda B. Ya socio, pagándolo con mi dinero, viví un ascenso. Y otro más. ¡En Primera, una noche inacabable de celebración en el Rosal! Los que vivimos eso jamás podremos narrar nada parecido. A pesar de que en los medios no saliera nada, se tapase todo, aquello fue inigualable y nada será parecido.

Mi generación fue maltratada por el paro y por las drogas. A falta de una épica que le sacase brillo, como hicieron otros, nosotros tragamos y aguantamos. Durante muchos años pagué mi carnet de socio mensual ya que no podía hacer frente al recibo por año. Seguía viviendo en casa de mis padres y aquel paisano que lo cobraba llegaba afogado al cuarto piso de la calle San Bernabé donde residía. Muchos fines de semana mi único día de diversión fue el domingo en el viejo Carlos Tartiere, en la curva Chiribí, saltando con aquellos cánticos únicos que hoy recibirían la censura de los mandamases de la LFP.

Y llegaron los días de derby. Mi primera experiencia en Gijón fue inolvidable. En la burbuja, claro. De aquella, los grupos de policía aún no estaban tan especializados como hoy y tuvieron la ocurrencia de llevarnos por las callejuelas del Coto. La entrada al campo nos trasladó a los tiempos de un concierto de punk en el Rockola. Yo llevaba mi chupa punkera que acabó llena de salivazos como si fuera uno un componente de los Damned o los Stranglers en la mítica sala madrileña. Lo peor, tras un inesperado empate –se suponía que nos iban a masacrar- llegó a la vuelta. Comprendí entonces por qué algunos de los chavales que me acompañaban iban con un caso de obrero de color azul. En las ratoneras de aquellas callejas de Gijón llovían las botellas de sidra lanzadas desde cada esquina por paisanos hechos y derechos. Los policías sólo nos decían que corriéramos hasta que conseguimos alcanzar la estación de tren. Antes de llegar a La Calzada, un señor no uniformado –un policía secreta que parecía controlar todo el cotarro- nos dijo que nos alejáramos de las ventanas. Las piedras retumbaban sobre el vagón en medio de un silencio sepulcral.

El último viaje fue en 1997. El Sporting sumaba una racha catastrófica –estuvo un montón de semanas con el “puntín” y logró un récord negativo de puntos en la Liga- y llegamos en multitud, como nunca, al muro de San Lorenzo. En algunos balcones, algo inaudito, se veían banderas azules. Dely Valdés, que cumplía años el mismo día que yo, hizo uno de los dos goles y regresamos con una inigualable sensación.

Pasó el tiempo y los días, los meses, los años, se convirtieron en una pesadilla. No sólo para mi querido equipo, también para mí. Pero, cuando todo parecía acabarse, llegó el entonces director del diario “El Comercio” Íñigo Noriega y me ofreció escribir de mi equipo, del Real Oviedo. Fueron cuatro años maravillosos, un ascenso y la sensación de reengancharse a algo que ya creía perdido. Hoy estamos aquí: vivos, dispuestos a disfrutar de nuevo un encuentro de la máxima. Con esperanzas y con la fe intacta, como si volviese a sentir lo mismo que aquel inocente niño de siete años que manifestaba su amor azul por encima de los vaivenes del juego.

MANOLO D. ABAD
Publicado en la revista digital "El Cuaderno" el sábado 3 de febrero de 2018.
https://elcuadernodigital.com/2018/02/03/derbi-de-vuelta/

Y mañana nos vemos en Vinx Tv a las 20:45 h.

La vida era esto


“La vida era esto”


CUATRO MILLONES DE GOLPES

Autor: Eric Jiménez. Biografía. Ed.: Plaza y Janés. Barcelona, 2017. 286 páginas. 18,90 €.

El mundo del rock es un trampolín para los mediocres”, cantaba Lagartija Nick en una de sus más célebres canciones: “Tan raro, tan extraño, tan difícil”. Da la impresión que lo que una gran parte del público espera de la biografía de un rockero es la narración de una vida de excesos sin límite, de hedonismo llevado al extremo, de una trepidante travesía sin freno a través de las drogas, el sexo y la música.

Algo de esto podrán encontrar en la biografía del personal baterista de Lagartija Nick y Los Planetas, pero se equivocarían si se quedan en la superficie de la canción con la que Ian Dury patentó el célebre tópico (“Sex, drugs and rock´n´roll”). Si tuviera que establecer una conexión, la novela de Dan Fante “Chump Change” (Sajalín, 2011) podría ser el referente ideal. Detrás de todas las luces, del fulgor y del brillo que iluminan el escenario, de esa condición de dioses que puede cegar a quien no sea capaz de ver el lado humano, late la existencia y sus renglones torcidos. En el caso de Eric, el camino de piedras no fue fácil. Ni en su niñez, ni en su adolescencia, ni tan siquiera en la vida esperada ganándose las habichuelas en aquello que siempre quiso hacer.

Narrada con una voz a tumba abierta, de una sinceridad brutal que no elude ni esconde, “Cuatro millones de golpes” es un relato ágil y apasionante, que se lee con devoción si se es capaz de buscar entre sus líneas las sombras que se ocultan más allá de los focos. Los miedos, las pequeñas tragedias cotidianas, los sacrificios en pos de una ilusión, los múltiples errores en cada devenir, las pesadillas y, también, las múltiples satisfacciones de poder dedicarse a tu propia vocación, a eso para lo que crees que has nacido.

Si el lector no es capaz de hallar más que una colección de excesos, se perderá la verdadera sustancia que hace a esta biografía grande: la del desafío vital que supone, más allá de las dudas, de los miedos y de las circunstancias, perseverar hasta conseguir ese sueño juvenil y ser capaz de hallar tu lugar en el mundo.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "Culturas" del diario "El Comercio" el sábado 3 de febrero de 2018.

domingo, 28 de enero de 2018

Treinta años


Vinilo Azul. -

“Treinta años”


Hace unos meses, charlando con Juan Codorníu -guitarrista del gran grupo granadino Lagartija Nick- me comentaba cómo son círculos concéntricos lo que muchas veces no encontramos en nuestra existencia. Me quedé pensando en ello y aún hoy se repite eso en mi cabeza. Él mismo, había regresado a Lagartija Nick, en cuya formación original había militado, tras muchos años y, a día de hoy, han grabado un magnífico nuevo álbum (“Crimen, sabotaje y creación”) donde recuperan toda la intensidad de sus inicios.

El caso es que, hace unos días, volví a ver al grupo asturiano Trash-Tornados en uno de los locales más pujantes para la música en vivo en Oviedo: el Gong. Con una programación diversa en lo estilístico, pues caben tanto rock como jazz o incluso flamenco, el Gong de la mano de Sergio González ha conseguido convertirse en uno de los referentes esenciales de la vida musical y nocturna ovetense. Bobby González lidera a los Trash-Tornados, una formación mierense que se maneja con destreza entre el rock´n´roll, el swing o el blues y que acaba convirtiendo cada una de sus actuaciones en una verdadera fiesta, gracias a su capacidad para lograr eso de lo que tantas veces se habla y tan pocas se logra como es la conexión con el público. Con la complicidad de Freddie Fano como invitado especial en el último tramo del concierto, lían una parda, de esas que muchos no olvidarán, saltando del escenario a la arena, filtrándose entre el centenar de personas y cuajando un soberbio show donde no decae en ningún momento el sonido, con el soberbio saxo de Kiko Flores, el contrabajo de Pablo Souto y la imparable batería de Pibli González marcando la diferencia.

Veo a Bobby en gran forma y siento que el tiempo no ha transcurrido, aunque sí lo haya hecho. ¡Vaya que sí! Son ya treinta años desde que lo viese por primera vez en un concierto en Oviedo. En la calle Rosal, un local hoy desaparecido, de nombre Zero (es él quien recuerda el nombre), en su piso de abajo, se marcó otra de esas actuaciones intensas al frente de su grupo de entonces: Los Coronados. Recuerdo que saqué varios artículos y una entrevista con ellos en la revista española “Ruta 66”, con la que colaboré durante veinte años. Poseían esa fuerza, esa convicción que luego vi en otras bandas. Ese deseo de salir de las fronteras de Asturias, de tocar fuera de ellas al precio que fuese. Acostumbrado al conformismo de muchos músicos, que prefieren quemar el circuito local, ellos -como me sucedió luego con otras bandas como Amateurs- buscaban esa proyección más allá de un círculo restringido, hacerse un nombre más allá del Pajares.

Treinta años después, aún percibo ese brillo en los ojos, esas ganas, esa hambre. Como en un contagio, me sentí al acabar su actuación con su misma fuerza, renovado ante las adversidades, pensando en seguir hacia delante. Mirar hacia atrás, a veces, supone darse cuenta de todo el camino recorrido, vivido en toda su plenitud, con todas sus piedras, con todos sus logros que nos hacen más fuertes para afrontar los desafíos a los que nos obligan las circunstancias.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "DOviedo" del diario "El Comercio" el domingo 28 de enero de 2018

Irreductible, inabarcable


Irreductible, inabarcable”


El pasado miércoles 24 de enero se anunciaba la muerte de Mark E. Smith, legendario líder de The Fall, uno de los grupos fundamentales para entender el post-punk y referencia del rock alternativo a través de una vasta obra que abarca cuatro décadas de intensa actividad creativa.

Nacido el 5 de marzo de 1957, Smith funda The Fall a finales de 1976 en Salford (Manchester). Pronto se convierten en uno de los grupos más singulares del emergente post-punk gracias a un personalísimo e intenso estilo donde se unen oscuridad, surrealismo y narcosis, marcado por la peculiar forma de cantar de su vocalista, medio cantada, medio hablada, en un tono insolente y despiadado tanto hacia los demás como hacia sí mismo. Influidos por The Doors, Velvet Underground, Can o los Seeds en lo musical, pero también por Phillip K. Dick, J.G. Ballard, H.P. Lovecraft o Albert Camus en lo literario, reflejan con su sonido la pesadumbre y decrepitud del paisaje de su ciudad, Manchester. La personalidad de Smith comienza a eclipsar a sus primeros compañeros de viaje hasta hacer suyo al grupo al que dio nombre Tony Briel –uno de los miembros seminales de la banda- a partir de la novela de Albert Camus “La Caída”.

Se cuentan hasta más de setenta músicos que han militado en The Fall a las órdenes de Mark E. Smith, personaje de difícil carácter, dipsómano incurable, experimentador con las drogas, visionario alabado por personajes esenciales en la música británica como John Peel. Su matrimonio con la norteamericana Brix Smith –incorporada a la banda a principios de los 80- coincide con el momento de mayor popularidad gracias a álbumes como “Perverted by language” (1983), “The wonderful and frightened world of…” (1984), “This nation´s saving grace” (1985), “Bend sinister” (1986), “The Frenz Experiment” (1988) y “I am a curious oranj” (1988).

Torrencial, polemista y cascarrabias, Smith se había convertido en un todo un personaje mediático en el Reino Unido, autor de una magna obra inabarcable, densa y volátil, aún por descubrir en todas sus múltiples aristas.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el domingo 28 de enero de 2018

sábado, 27 de enero de 2018

Vivos y coleando


El Tocadiscos. –

Vivos y coleando”


IMMACULATE FOOLS “Keep the blade sharp”

Son Música

9 canciones. 15€.

Vivimos un momento de constantes retornos, de resurrecciones nostálgicas, de huida de un presente artístico aterrador donde la vulgaridad más zafia se ha impuesto más allá del kitsch para convertirse en mediocre cotidianidad. ¿Nostalgia de tiempos mejores, pues? Mirando alrededor, no sería de extrañar. Pero sería un argumento más pobre que la realidad reinante si artistas que regresan como Immaculate Fools no demostraran estar en forma y con la suficiente capacidad creativa como para estar a la altura de las expectativas.

Escuchando el nuevo trabajo de Raymond Weatherill y comprobada su solvencia en vivo la primavera pasada en el Wizink madrileño, hay que concluir que este regreso merece la pena, pues saca a relucir todas las virtudes que les alumbraron en los 80. Con una banda de mayoría de músicos gallegos, Weatherill recupera ese pop elegante, romántico, con ciertos tintes épicos, que retoma unas formas que no deberían haber pasado al olvido y que se plasman en canciones de alto valor emotivo. Maceradas sin la prisa por estar en primera fila, temas como “Come tomorrow”, “Blanket”, “Say goodbye” o el que bien podría ser un nuevo hit -“Flowers to the pigs”- demuestran que el talento de Weatherill conserva unas virtudes que van más allá de aquel imperecedero tema con el que años ha hicieran fortuna.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "Culturas" del diario "El Comercio" el sábado 27 de enero de 2018

jueves, 25 de enero de 2018

The Fall "Disney´s dream debased"


miércoles, 24 de enero de 2018

Mark E. Smith (1957-2018)


Por un Oviedo muerto


Vetusta Blues. –

Por un Oviedo muerto”

Leo con estupor la propuesta del Consejo de Patrimonio Cultural de Asturias de acentuar los trámites, los permisos y dilatar los períodos de tiempo para todas las actividades culturales en el Oviedo Antiguo. ¡Hasta seis meses de adelanto para conseguir un permiso!

Uno no sabe si esto es un globo sonda a la busca de reacciones como la de este artículo o si, realmente, se creen de verdad todas estas “medidas”, más propias de una novela de Jozef Kafka (“El proceso”, por si los atribulados gestores culturales no la conocen) que de una realidad que estalla ante sus narices sin que sean capaces de verla, bien atechados en sus cuarteles (despachos) de invierno.

Observando la contumacia con que odian la vida cultural en la ciudad de Oviedo -a la sazón capital de ese Principado de Asturias que dicen representar- uno sólo puede pensar mal. Muy mal. ¡Cómo no hacerlo a la vista de su persistencia en mantener la ruina de la plaza de toros de la ciudad secuestrada con el bic desde hace años! ¡Cómo no hacerlo cuando jamás se han manifestado contra el deterioro de los chalets de La Vega! ¡Cómo no pensar mal cuando les importa un pito que todo el Oviedo Antiguo se llene de pintadas sin manifestar ni una sóla palabra contra eso! ¡Cómo no creerlo ante el abandono de la muralla medieval o del pésimo estado del martillo de Santa Ana! De los monumentos prerrománicos no hablamos tampoco, ¿no?

Sí, no se preocupen. La culpa de todo la tiene la música en vivo, el cine y el teatro en las plazas del Oviedo Antiguo, el tratar de conseguir una programación de actividades para la ciudad que la reactiven no sólo ante los ojos de los propios ciudadanos sino como un atractivo turístico, que Oviedo lidera a pesar de todos los pesares.

No, prohibamos. Pero no la lacra del botellón, que sí es una molestia tanto para los residentes como para la convivencia e incluso para quienes desean vivir la noche sin tener que buscarse una pelea en cada esquina. No, no, no. Propongamos la ruina. El silencio. Que las campanas redoblen –a golpes de muerto silente- como en la Vetusta de una nueva Regenta.

No, señores del atribulado Consejo de Patrimonio Cultural de Asturias, estas actividades no representan ningún peligro para eso que dicen defender. Ya hemos visto cómo protegen a la plaza de toros de la ruina, al Oviedo Antiguo, a los chalets de La Vega. Señores y señoras, no dan el pego. Les ciega su feroz odio a lo que es Oviedo. Quizás más a lo que representa. ¡Ah, “puta” capital! Y, por eso, prefieren que la ruina y la podredumbre se apoderen de la ciudad, de mi ciudad. Que no venga nadie. Que el Oviedo Antiguo se convierta en un mausoleo, o, quizás mejor, en una ciudad dormitorio. Que Oviedo sea una ciudad muerta y ruinosa. Gracias, Consejo de Patrimonio Cultural de Asturias, ya sabemos que sus deseos son un Oviedo muerto, decrépito y podrido. Y, mientras tanto, para qué preocuparse del abandono de la muralla medieval o del martillo de Santa Ana. Esos ya están como ustedes quieren: en un Oviedo muerto, decrépito y podrido. Su Oviedo en ruinas soñado. Silencioso, como en la novela de Clarín.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 24 de enero de 2018

lunes, 22 de enero de 2018

Prueba de trampa


Crónicas de Vestuario. -

“Prueba de trampa”

Se presentaba el Almería para un choque-trampa ante los azules, disfrazado de piel de cordero pero bien dispuesto para hacer frente a la gran racha de los de Anquela. El once carbayón había empatado dos partidos consecutivos fuera de casa que bien pudo haber vencido y se antojaba fundamental continuar manteniendo su fortín del Tartiere para seguir enganchado a los puestos de privilegio de la categoría.



El conjunto de un buen entrenador como es Lucas Alcaraz planteó el partido casi como si de una partida de ajedrez se tratase, tratando de neutralizar el poderío que el cuadro azul posee en las alas (en el carril izquierdo Varela suplió al sancionado Mossa) y cerrar todo el caudal creativo de hombres como Diegui Johannesson, Aarón Ñíguez o Saúl Berjón. Con una tela de araña bien tejida en la defensa y centro del campo, los andaluces esperaban a que la chispa de su mejor hombre -Pozo, que siempre cuaja buenas actuaciones en el Tartiere- pudiese saltar. Neutralizados los carriles, con un ritmo de juego bajo, bastante lento y los de Anquela un tanto desorientados y muy espesos, el primer acto se saldó sin apenas oportunidades claras de gol. Un disparo lejano de Rocha, otro de Aarón a pase de Diegui o un remate de Linares, fue el pobre balance que los locales ofrecieron en una primera parte para olvidar.



La reanudación, en cambio, comenzó de forma diferente. Se anticipó el Almería en una gran penetración de -¡cómo no!- Pozo que culminó Fidel en el minuto 8 de la segunda parte. Juan Antonio Anquela -a quien muchos habían tachado de inmovilismo en las semanas anteriores- reaccionó de inmediato y la jugada le salió perfecta. Cambio de sistema con la entrada del artillero Toché en lugar del defensa Valentini. Los almerienses perdieron el sitio en el campo, totalmente desorientados. A los dos minutos de la entrada del murciano, éste remató como sólo los killers natos lo hacen un centro al segundo palo de un Saúl Berjón que fue poco a poco conectándose al partido. Los azules mostraron sus mejores minutos: rápidos, intensos, brillantes en sus conexiones por banda y en electrizantes recuperaciones. Once minutos después del empate, en el 71, llegó el gol de la victoria, Toché controla de espaldas, le manda el balón de cara a Saúl Berjón que remata y con la ayuda del poste y de René el balón se cuela en las mallas. Destacar la asistencia de Toché, nada egoísta como les suele ocurrir a algunos goleadores. Estamos ante un equipo solidario que busca el bien común, por encima de cualquier individualidad. A partir de ahí, el tiempo transcurriría a favor de los azules, muy serios en defensa con los dos centrales -Héctor Verdés, en plan líder, y Carlos Hernández, muy firme- resolviendo sin dudas.



El conjunto de Anquela ofrecía una nueva dimensión de sí mismos, espoleados por una infatigable grada, sabiendo jugar con más pragmatismo y menor brillantez que en sus citas ante Huesca y Rayo. Es igual, el equipo mostró nuevas virtudes, supo remontar ante un once muy serio como el almeriense desde la fe en sí mismos, mostrando una enorme capacidad de adaptación a las circunstancias, levantándose con fuerza. Todo eso son la prueba de un poder que, en una categoría como Segunda División, acaba recibiendo el premio. Premio a la persistencia, a la fe en uno mismo, al trabajo inagotable y, también, a gotas de clase distribuidas en los momentos más adecuados. Fe frente a trampas y confianzas. Este es el camino para afrontar lo que queda de esta larga travesía que ya entra de lleno en su segunda vuelta.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: JOSÉ LUIS GONZÁLEZ FIERROS



sábado, 20 de enero de 2018

Épico pesar


El Tocadiscos. -

“Épico pesar”


Mogwai “Every country´s sun”

Rock Action

11 canciones. 14€
La banda escocesa firma uno de sus álbumes más inspirados en este noveno trabajo que nos devuelve todas las virtudes que se pueden extraer a eso que se dio en denominar como post-rock. Incluso, se atreven a poner voz a alguna de sus composiciones, algo verdaderamente inusual en ellos.
Envolventes, taciturnos, Mogwai son de esas formaciones que ganan con cada nueva escucha, si uno se deja enredar en sus hipnóticas piezas, donde predominan los crescendos y explosiones emotivas junto a fragmentos más pausados, conformando una lírica peculiar, ensimismada y muy profunda. En este nuevo álbum alcanzan sus propósitos y consiguen niveles elevados de intensidad y sentimiento.
Caminando sobre el alambre de unas guitarras afiladas que se llevan hasta el límite del ruidismo, los de Glasgow consiguen flotar en un trabajo muy conseguido, que les devuelve a sus mejores cotas de siempre, quizás porque logran ser más certeros y directos dentro de un género donde los desarrollos instrumentales suelen ser largos.
Un trabajo, pues, que recupera a uno de los grandes nombres del rock contemporáneo y nos devuelve a esa galaxia de tensa épica metafísica.
MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "Culturas" del diario "El Comercio" el sábado 20 de enero de 2017

miércoles, 17 de enero de 2018

Screaming Trees "I nearly lost you"



Did you hear the distant cry
Calling me back to my sin
Like the one you knew before
Calling me back once again

I nearly, I nearly lost you there
And it's taken us somewhere
I nearly lost you there
Let's try to sleep now

Drag me far enough to know
I'm blind every mile that you burn
There's a rider that's fallen and
It's clear there's no time to return

I nearly, I nearly lost you there
And it's taken us somewhere
I nearly lost you there
Well let's try to sleep now

Did you hear the distant lie
Calling me back to my sin
Like the one you knew before
Calling me back once again

I nearly, I nearly lost you there
And it's taken us somewhere
I nearly lost you there
Well let's try to sleep now
I nearly lost you there
I nearly lost you
I nearly lost you there
I nearly lost you there
I nearly lost you there
Oh yeah, nearly lost you there

martes, 16 de enero de 2018

Acción-reacción


Crónicas de Vestuario. -

“Acción-reacción”


Afrontaba el Real Oviedo su segundo partido consecutivo fuera de casa con la intención de mantener su buena racha de resultados y que la torva figura del árbitro David Pérez Pallás no lo perjudicara en exceso ni que resultara decisivo en el marcador final. Un objetivo se consiguió: conservar la racha de encuentros sin perder, aunque el empate -a la vista de lo mostrado sobre el terreno de juego- sepa a muy poco. El otro, lamentablemente, no. A pesar de la opinión de sos pusilánimes que hacen carrera peloteando con medias verdades, lo del árbitro gallego fue trascendental: un penalty injusto en las postrimerías del choque, acentuado por la surrealista decisión de solicitar asistencia al jugador oviedista al que el balón le pegó claramente en la cara...

El partido fue intenso y, por momentos, trepidante. Fundamentalmente, en una primera parte donde hubo de todo. Y el once de Anquela jugó con sus mejores armas ante un adversario que no pudo hacer su juego pero encontró un pequeño resquicio por el que colarse. Pérez Pallás se traga una clara mano de Álex Moreno en el centro del campo, la jugada sigue, error de Folch en el despeje, centro de Embarba -máximo asistente de la Liga- y remate de cabeza del Chori Domínguez que, un inusualmente descolocado, Alfonso Herrero no puede alcanzar. No se hundió el cuadro carbayón y, nuevamente, tras una jugada de estrategia, llegó el gol tras un pase de Linares que Christian Fernández completaba como si de una carambola de billar se tratase tras un primer remate de Carlos Hernández que había pegado en el larguero.

Volvió a arrancar muy concentrado el equipo azul en la segunda parte y, tras otro córner botado por Saúl Berjón, fue Carlos Hernández quien culminó con un sensacional remate de cabeza. Quinto gol de zaguero jienense, una cifra realmente espectacular. Michel, el entrenador vallecano, lo intentó a la desesperada con Manucho, tratando de fijar a la defensa ovetense más atrás, metiendo más presión en su parte alta. Paradójicamente, lo consiguió tras la estúpida acción de Velázquez sobre Linares que significó su expulsión. Mientras veíamos el partido, mi querido amigo César Inclán me comentó que no le gustaba nada esa circunstancia. Sus augurios se hicieron realidad cuando Pérez Pallás -bastante comedido durante todo el choque, aunque concediendo el juego duro a un Trejo que campó a sus anchas repartiendo brusquedades por doquier- halló la ocasión para volver a penalizar al Real Oviedo. Tras una falta al borde del área, el lanzamiento golpea en la cara de Christian Fernández y el balón, muerto, cae sobre las manos del jugador cuando se desplomaba por el tremendo impacto. El nefasto trencilla gallego observa voluntariedad en la acción y señala la pena máxima. Pero Anquela ha conseguido que este equipo no se rinda. Echaron un paso atrás durante demasiados minutos en los que debieron aplastar, tal y como exige el deporte de competición, pero, aún así, levantaron la cabeza y tuvieron otra más en una espectacular “folha seca” de David Rocha que se cruzó con el poste.

Empate final. Otra vez a lamentar un tanteador que mereció ser más favorable. ¿La lección? Con un 1-2 no hay que conformarse, hay que seguir perseverando. Hay que aplastar, destrozar: es lo que manda el deporte de competición. Aún así, se mantienen las buenas sensaciones. Y la impresión de que con trabajo, con confianza pero sin confiarse, todo puede ir bien aunque se nos cruce nuestro particular Moriarty (Pérez Pallás).

MANOLO D. ABAD