jueves, 2 de julio de 2009

A vueltas con la Fábrica de Gas


La comisión de Patrimonio de la Consejería de Cultura ha resuelto sobre el futuro de la Fábrica de Gas de Oviedo y la conclusión no puede ser más decepcionante: Se protege -casi de modo anecdótico- a unos cuantos elementos de la Fábrica de Gas (gasómetro, chimenea, hornos) y se permite la construcción de 95 viviendas. Solución salomónica y que tira por tierra las esperanzas de muchos ovetenses y asturianos de dedicar ese magnífico solar a la cultura. Aquí no hay medias tintas: O cultura, o especulación. Y, como siempre, se tira por la calle de en medio con un híbrido que no resuelve nada, más bien complica las cosas. Con lo fácil que hubiera sido considerar a todo BIC (Bien de Interés Cultural)...
A los políticos suele darles el ataque de cultura en período electoral, y el ataque especulativo una vez superado éste. En Oviedo, las cosas no pueden ir a peor. Me pregunto: ¿No sería más fácil terminar lo empezado? Pásense por aquel proyecto de 2000 casas en El Caleyu, con el asfalto y la iluminación puestos por el Ayuntamiento... Conjunto vacío, nada, un espacio fantasmagórico que ilumina una nueva quimera. La empresa encargada de su construcción (Urazca, creo que era)... quebró. ¿Y ahora, qué? ¿Nuevos edificios fantasmas en la Fábrica de Gas? ¿Por qué no terminan lo comenzado? ¿Por qué esas empresas ansiosas por construir no acaban el proyecto de El Caleyu primero y dejan la Fábrica de Gas para otros fines?
Comentaba que a los políticos se les hincha el pecho con la cultura en período electoral (como en tantos otros aspectos) para luego olvidarse en cuanto termina el recuento de votos. Sabemos que la ciudad de Oviedo tiene unas carencias culturales flagrantes que saltan a la vista con sólo echar un mínimo vistazo: No hay salas adecuadas para conciertos de tamaño medio (mil o dos mil espectadores) y ni el Auditorio ni el Teatro Campoamor son escenarios acondicionados para el rock o, incluso, para el folk; los grupos de teatro reclaman también sus espacios; no hay locales de ensayo ni para músicos ni para grupos de teatro (y no me cuenten lo de los cuatro locales de ensayo de Otero, estamos hablando de ensayos regularizados y semanales, no ocasionales); las salas de cine han desaparecido del centro de la ciudad y ya no hay solución para ésto, sólo el recurso al coche o el taxi... Si rascáramos un poquito, saldrían muchas más carencias en una ciudad que tiene la osadía de postularse como "ideal para la cultura". ¿Qué cultura?
¿Acaso no hay mayor incultura que dejar paso a la piqueta en un entorno de ensueño para la actividad de los creadores como la Fábrica de Gas?