Deslices

Deslices

domingo, 28 de febrero de 2010

sábado, 27 de febrero de 2010

Hoy en Oviedo


Hoy en Gijón

Marc Ford + The Steepwater Band. Sala Acapulco. 20 h. Entradas: Anticipada 18 €; Taquilla 22 €

viernes, 26 de febrero de 2010

Rafael de Penagos (1924-2010)


Hoy en Oviedo


Nuevas confirmaciones FIB 10

Vampire Weekend, Klaxons, Leftfield, Triángulo de Amor Bizarro e Ilegales nuevas incorporaciones al FIB 2010.

El amor y...



"El amor y la razón son dos viajeros que nunca moran juntos en el mismo albergue. Cuando el uno llega, el otro parte"


(Walter Scott)

jueves, 25 de febrero de 2010

Hoy en Oviedo


Mañana en Oviedo


lunes, 22 de febrero de 2010

Entrevista con Edward Bunker (IV)



Cuando se pasan largos años en sitios como San Quintín o Folsom, ¿se acostumbra uno completamente a las condiciones de vida y a la falta de libertad?


Te acostumbras por completo. La vida sigue, sea cual sea el sitio donde vives. En la cárcel, seguimos bromeando, riendo, intentamos vivir lo mejor posible esa situación y no verlo todo tan negro. Te adaptas. Sabe, siempre ocurre algo en la cárcel, es como una aventura y por eso, en cierto también es excitante. Menos aburrido, la cárcel lo es todo. (Risas)


-¿Qué es lo que más se añora detrás de los barrotes?
Indiscutiblemente, la libertad. Poder disponer de tu tiempo. No tener que vivir con horarios fijos. Y ese tipo de cosas. En chirona, estás completamente privado de tu autonomía de movimiento y del uso del tiempo. Eso es lo peor. A la falta de mujeres, de sexo, te vas acostumbrando. Pero la cárcel me enseñó que la vida sigue, allí donde estés. Hay gente feliz y en paz consigo misma en la cárcel y hay gente que siempre está angustiada e infeliz aunque viva en un palacio…


-Volvamos al período de Vacaville, donde simuló estar loco. ¿Cómo se mantiene el equilibrio entre la locura simulada y la verdadera locura?
Es verdad que no siempre es muy evidente. Te propinan cada día un montón de medicamentos, de tranquilizantes que te atontan. Pero tuve sangre fría. Incluso a veces era divertido pasar por un chalado. Empezaba a hablar con las paredes, llegaban los vigilantes y desalojaban los pasillos. Yo me pegaba cara a la pared, peleándome e insultando al muro. ¡Los batas blancas no sabían cómo actuar! (Al recordar sus bromas psiquiátricas, Bunker se troncha durante cinco minutos)… ¡Les decía lo que fuera, que era el jefe de la CIA u otras elucubraciones por el estilo! ¡Era demasiado, muy divertido!


-Luego fue al penitenciario de Marion, Illinois, uno de los más duros de América. ¿Fue en esta época cuando se publicó su primer artículo?
Sí. Había escrito un artículo sobre las guerras raciales entre presos blancos y negros en San Quintín. En aquella época, existía una censura muy estricta en el correo que salía de la cárcel. Pedí permiso para ver a mi abogado en la cárcel del Condado de L. A., y pude pasar mi artículo al exterior gracias a su intervención. Lo publicó el Harper´s Magazine.


-¿Cuál fue su reacción?
¡Man, fue fantástico! Durante un buen rato, no me lo podía creer. Mierda, hacía una eternidad que estaba escribiendo, que lo intentaba, que persistía en mis esfuerzos. Había conservado este artículo sobre las guerras raciales en la cárcel, era un testimonio de primera mano. Estos conflictos entre razas me deprimían; los presos viven juntos, tendrían que estar unidos. Yo, no sentía ningún odio hacia los negros, no tenía ningún deseo de apuñalarles, ni de que me apuñalasen. Lo menciono un poco en mi segundo libro La bestia contra la pared. Sin embargo, mi mejor testimonio sigue siendo aquel artículo en el Harper´s. Fue lo que propicio la publicación de mi primera novela No hay bestia tan feroz. La había escrito a trozos, durante mis diversas detenciones, parte en San Quintín, parte en Folsom… El manuscrito dio vueltas por diferentes editores durante más de un año. Me parece que lo vieron seis. La publicación del libro en 1973 no supuso mi liberación inmediata, tuve que esperar unos años más.


Cuarta parte de la entrevista con Edward Bunker realizada por Sergio Ramón Zárate y publicada en el número 4 de "Los Inrockuptibles", mayo de 1992.

domingo, 21 de febrero de 2010

La revancha de los olvidados



JOHNNY PENICILINA Y LOS FRIXUELOS ELÉCTRICOS
La Calleja La Ciega, Oviedo.
Jueves, 18 de febrero de 2010.


La carretera acaba llevándonos a la propia esencia de nuestro ser. A lo honesto, a lo básico y a lo que sólo se consigue bajando a la calle a contemplar la (triste) realidad. Lejos de luces que ciegan, el grupo más olvidado del rock asturiano (¡por favor, una nominación para los AMAS, una sola basta!) sigue trazando su carretera perdida a golpe de credibilidad, a guitarrazos que harían palidecer a esos que se creen tocados por la varita de los dioses. Con unas letras que empequeñecen al mismísimo Robe Extremoduro (Penicilina es uno de esos letristas que lo tiene), y una propuesta que puede beber de Burning y de La Banda Trapera del Río, pero también del rock americano de guitarras, se hacen con la gente tras una fría entrada. "Quiero ser más famoso en Oviedo que Carmina", suelta Johnny a una legendaria de las noches ovetenses, para que el concierto arda y el público se arremoline, mayor recompensa que galardones y alharacas, ese ruido vacío que malditos como ellos sólo escucharán cuando su luz (y su voz, como la de Iván Zulueta) se apague.

Cosmic Psychos "Lost Cause"

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viernes, 19 de febrero de 2010

Hay algo...



"Hay algo amenazante en un silencio demasiado grande"


(Sófocles)

jueves, 18 de febrero de 2010

Desde hoy en Oviedo

Antroxu 2010 en la Calle del Ritmo (C/Martínez Vigil). 18, 19 y 20 de febrero: conciertos, espectáculos, diversión con o sin disfraz... Oviedo resucita (aunque algunos no quieran que sea capital cultural).

Hoy en Oviedo



Presentación del poemario "Casa de Aire" (Amargord, 2009) de Francisco Cenamor en la Librería Cervantes (C/Dr. Casal, 9), a partir de las 19:30 h. Presenta: José Havel.

Hoy en Gijón


miércoles, 17 de febrero de 2010

Doug Fieger (1953-2010)



El cantante de The Knack, grandes del power-pop norteamericano...

La Coqueta



Había una vez una coqueta que tenía un pretendiente del cual no podía librarse. Él se tomaba en serio sus promesas y declaraciones y no quería dejarla. Se creía hasta sus insinuaciones. Esto la irritaba, porque estorbaba sus buenas relaciones eventuales y los regalos, halagos, flores, cenas y demás que podría obtener de ellas.

Finalmente Yvonne insultaba y mentía a su pretendiente, Bertrand, y no le daba nada, literalmente; lo que significaba menos cero en comparación con la nada que daba a otros amigos. Sin embargo, Bertrand no cesaba en sus atenciones porque consideraba que esa conducta era normal y femenina, un exceso de modestia. Llegó a sermonearle y, por una vez en su vida, dijo la verdad. Como él no estaba acostumbrado a la verdad y esperaba falsedades de una mujer bonita, tomó sus palabras por incoherentes y continuó cortejándola.

Yvonne intentó envenenarle poniendo arsénico en las tazas de chocolate que tomaba en su casa, pero él se recuperó y pensó que ésta era una prueba aún mayor y más encantadora de su miedo a perder la virginidad a los diez años. A su madre le dijo que la habían violado. De ese modo, Yvonne mandó a la cárcel a un hombre de treinta años. Había estado tratando de seducirle durante dos semanas, diciéndole que tenía quince años y que estaba loca por él. Había disfrutado arruinando su carrera y haciendo que su esposa se sintiera desgraciada y avergonzada y su hija de ocho años, confusa.

Otros hombres aconsejaron a Bertrand. "Todos nos hemos divertido con ella", le dijeron, "hasta nos la hemos llevado a la cama una o dos veces. Tú ni siquiera has conseguido eso. ¡Y ella no vale nada!". Pero Bertrand pensaba que él era diferente a los ojos de Yvonne, y aunque se daba cuenta que su perseverancia iba más allá de lo común, consideraba que esto era una virtud.
Yvonne incitó a un nuevo pretendiente a matar a Bertrand. Logró la obediencia del nuevo pretendiente prometiéndole que se casaría con él si eliminaba a Bertrand. A Bertrand le dijo lo mismo respecto al otro hombre. El nuevo pretendiente retó a Bertrand en un duelo, falló el primer tiro y luego empezó a hablar con su proyectada víctima. (El arma de Bertrand se había negado rotundamente a disparar). Descubrieron que ambos habían recibido promesas de matrimonio. Mientras tanto, los dos hombres le habían hecho regalos caros y le habían prestado dinero durante sus pequeñas crisis de los últimos meses.

Estaban resentidos, pero no se les ocurría ninguna idea para castigarla. Así que decidieron matarla. El nuevo pretendiente fue a verla y le dijo que había matado al estúpido y persistente Bertrand. Entonces, Bertrand llamó a la puerta. Los dos hombres fingieron una pelea. En realidad, empujaron a Yvonne entre ambos y la mataron de varios golpes en la cabeza. Dieron la versión de que ella intentó interponerse y resultó golpeada accidentalmente.

Como el propio juez de la ciudad había sufrido, siendo objeto de las burlas de sus conciudadanos, a causa de la coquetería de Yvonne, estaba secretamente complacido por su muerte y dejó libres a los dos hombres sin más. Además, era lo bastante sabio como para comprender que no la habrían asesinado si no hubiesen estado ciegamente enamorados de ella…, y ese estado le inspiraba lástima, puesto que ya había cumplido los sesenta.

Únicamente la doncella de Yvonne, que siempre había recibido un buen sueldo y sustanciosas propinas, asistió a su funeral. Incluso su familia detestaba a Yvonne.

Patricia Highsmith. "Pequeños cuentos misóginos". Alfaguara, 1995.

martes, 16 de febrero de 2010

Sin máscaras



SECOND
La Antigua Estación, Oviedo.
Sábado, 13 de febrero de 2010.


Con la misma insultante y pertinaz vocación con la que cierta prensa busca modas de temporada hemos llegado a una serie de bandas que se encuentran por encima de esas hirientes particularidades. A base de trabajo, de fe en ellos mismos, hay formaciones como Second que hacen quedar mal a los creadores de moda. ¿Recetas? Trabajo y canciones. El local hierve, atestado, como en sus mejores días -que, afortunadamente, han regresado- y los murcianos se marcan un recuerdo a su primer álbum "Private life" para abrir. Y, a partir de ahí, estamos ante la exhibición de un grupo tan honesto como dotado. Menciones especiales para "Invisible", claro, canciones tan rotundas como "Invisible", la enorme "Horas de humo", "Nada te dirige", guiadas por uno de esos cantantes dotados para levantar a un muerto, modulando, como muy pocas veces tenemos la suerte de presenciar en el rock. Un acústico convertido en electricidad por un grupo que escapa a las definiciones para hacernos disfrutar de cada canción, cada matiz. Como los grandes. Y nadie se acordó de Shakira, ni de Melendi, esa era su noche y sobraban todos los malos recuerdos.

Acelerones



BLACK HORDE+MOTOCICLÓN
La Antigua Estación, Oviedo.
Viernes,12 de febrero de 2010.


En plena avalancha de ofertas de conciertos que están haciendo revivir a Oviedo como hacía lustros que no se recordaba, el casi centenar de personas que se agolpó cuando Black Horde comenzaron a dar guerra supo a gloria. Tras superar unos compases iniciales donde el bajo del histórico David Cantalejo (¡qué bueno disfrutar de la sabiduría y del espíritu de veteranos como el filósofo gijonés!) saturaba y la voz de Pablo Tamargo no alcanzaba los mínimos niveles exigibles, remontaron como sólo lo logran los llamados a grandes metas. En esa mezcla de hardrock setentero, vibración grungera, en ese camino entre Black Sabbath y Motorhead, los gijoneses han definido un territorio que ya sólo puede definirse como propio. Y eso sólo está reservado a unos pocos. A los madrileños Motociclón no les quedó otra, ante semejante panorama, que salir desbordados, con una sobreexcitación extra para contagiar cuanto antes y sin rodeos. Con su rock peleón de extrarradio, grueso como la sangre de toro, políticamente incorrecto y claro como el exabrupto más definitorio, hallaron hueco para la exaltación de sus fieles, a medio camino entre una especie de protoheavy ochentero y el rock litronero de puño alzado, como una película de Eloy de la Iglesia de los ochenta. Al final, parafraseando al indispensable punkero neoyorquino Richard Hell en su clásico "Blank Generation" siempre puedes cogerlo o dejarlo.

lunes, 15 de febrero de 2010

Entrevista con Edward Bunker (III)



-¿Le gustaba la novela negra, que de hecho correspondía a la época en la que creció?


He leído algo de Dashiell Hammett y de Raymond Chandler, pero francamente, no eran de mis preferidos. Cuando leía una novela policíaca, prefería que tratase directamente de crimen o de violencia. Aparte de Dos Passos y Dreiser, también aprecio bastante a Faulkner, así como a autores extranjeros. Malraux fue un shock, también Dostoievski. Éramos tres presos que realmente nos interesábamos por la literatura. Muchas veces comentábamos nuestras lecturas, intercambiándonos puntos de vista, nos dábamos a conocer mutuamente nuevos autores… Estaba aquel detenido, Carl Chessman, que esperaba su condena de muerte. Toda una leyenda dentro del mundo penitenciario. Estaba condenado por robo y violación. Pretendía ser inocente y yo le creía. Las cárceles estaban repletas de criminales sexuales: violadores, maltratadotes de niños… La mayoría pretende ser inocente, del tipo: "fue la chica quien me hizo una encerrona". En la cárcel, son unos parias. Los demás detenidos los odian, les escupen… En fin, Carl Chessman estaba en la antecámara de los condenados a muerte y nuestras celdas estaban adosadas. Podíamos hablar gracias a los conductos y nos hemos comunicado así, sin vernos jamás. Un día, debía ser en 1952 o 53, recibí una revista, y di con el primer capítulo de Cellule 2455, death row. ¡Era su autobiografía! ¡Para mí fue increíble, una revelación! Un preso podía escribir un libro y que se lo publicasen. Cellule 2455, death row se convirtió en un best-seller y Carl Chessman en una celebridad, pero finalmente lo ejecutaron en 1960.



-¿Cómo se puede tener energía y ganas de escribir en las condiciones de vida de un penitenciario?


Justamente porque me di cuenta de que ni estaba solo ni era el primero y que otros antes que yo también habían escrito en la cárcel y que algunos habían sido publicados. Cuando sabes esto, cambian tus perspectivas, te da energía y fe. Sabía que un día me publicarían. Y, ¿qué otra cosa podría hacer? El abanico de mis salidas no era muy amplio. El escribir, por otra parte, era una actividad sencilla y accesible, sólo necesitaba papel, un boli y una máquina de escribir que me había enviado Louise Wallis. Me encantaba escribir, era un verdadero placer, una manera formidable para matar el tiempo. Recuerdo que cuando estaba en Vacaville, el penitenciario psiquiátrico, me encerraron en una celda especial: el espacio era muy reducido, el suelo y las paredes eran de hormigón y el techo de cristal, así me podían vigilar desde arriba. Era terrible. Me dije: "Si quiero escribir un gran libro tendré que quedarme aquí toda la vida".



-Después de su primera estancia en la prisión de San Quintín disfrutó de unos meses de libertad, y luego le pillaron de nuevo y se tiró siete años en San Quintín y Folsom.



Fue un momento particularmente difícil de mi existencia. No pensaba que me iban a caer tantos años, ya que mi delito era relativamente menor. Se trataba de un caso de falsificaciones, había dinero en juego, pero ni violencia ni sangre. El informe pretendía que, en el momento de mi detención, había apuntado con un Mágnum 44 cargado. La verdad es que, cuando vinieron a detenerme, intenté huir y me encontré atrapado en otra habitación donde había una pistola que estaba descargada, aunque yo no lo sabía… Luego, te echan un expediente exagerado del cual no sabes ni el contenido… Cuando salí de este segundo encarcelamiento, ya no conocía a nadie. Louise Wallis había muerto. Estaba realmente en la calle. Entre mis dos períodos en la sombra había vuelto a ver a la Sra. Wallis, pero se había vuelto más o menos loca: depresión nerviosa, problemas familiares. Entonces comprendí que tanto dentro como fuera estás encerrado. Dentro, está claro, permaneces en la cárcel. Pero fuera, has cumplido los treinta, ya no tienes ningún título, ni relaciones, ni familia y pocas oportunidades para conseguir un empleo porque eres un ex-presidiario. Sólo me quedaban dos soluciones: o escribir o robar. Eran las dos únicas actividades que dominaba para obtener algo en este mundo. En el cristianismo, existe la idea de redención. Es una bonita, pero en la realidad, llevas tus heridas para siempre. Por mucho que desees la redención, no llega así como así. Aunque no me siento tan estigmatizado como un tío de clase media que se hunde y aterriza en la cárcel. Yo por lo menos, tengo la satisfacción de haber arrancado desde el fondo del abismo y haber logrado salir por mí mismo. El tío que cae con cuarenta años está acabado, nunca podrá salir. En este país, puedes hacer lo que quieras mientras no te pillen. El fallo no está en quebrantar la ley, sino en que te cojan. Pienso en los criminales de guante blanco, en los peces gordos que delinquen la ley cada día, pero a los que protegen sus relaciones, su poder, su fachada moral…



Tercera parte de la entrevista con Edward Bunker realizada por Sergio Ramón Zárate y publicada en el número 4 de "Los Inrockuptibles", mayo de 1992.

domingo, 14 de febrero de 2010

14 f, el día de la soledad

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Dominique A "Je t´ai toujours aimé"

sábado, 13 de febrero de 2010

The Dubrovnicks "Love is on the loose tonight"

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Hoy en Madrid


viernes, 12 de febrero de 2010

Hoy en Gijón y mañana en Oviedo


Hoy en Oviedo

Motociclón + Black Horde en concierto en La Antigua Estación (C/Martínez Vigil, 9) a partir de las 21 h.

Son muchísimos...




"Son muchísimos los que aman; poquísimos los que saben amar"


(Stephen Zweig)

Hoy en Oviedo


jueves, 11 de febrero de 2010

Hoy en Oviedo



Nel Ca Beleño (Cai Martínez Vigil, 30) Toli Morilla + banda (Jorge Otero, Pablo Bertrand, Ángel Miguel, Alejandro Blanco) en conciertu a les 22:30 h.

Hoy en Gijón

The Electric Buffalo en la sala Savoy (C/Pelayo) a partir de las 23:55 h.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La rubia de consolación



Los premios no tienen sentido, ¿verdad? Siempre son políticos, se olvidan dos días después y siempre se los dan al libro equivocado, ¿o no? Bueno, eso es lo que decimos todos cuando el premio se lo dan a otro. Por supuesto, es muy diferente cuando nos toca a nosotros subir al estrado y dar las gracias a nuestro agente, a nuestras parejas y a nuestros animales domésticos. Entonces, evidentemente, es un honor y un estímulo.


Eso es lo que esperaba hacer aquella noche de octubre en Nueva York. Me habían nominado para el premio a la Mejor Novela en la categoría de Ficción Especulativa de los Premios Americanos del Libro, los premios literarios nacionales que no sólo aportan prestigio sino también un cheque de 50.000 dólares a los ganadores. El fuego de la arpía, la novela que concluía mi trilogía de El pagano del rey, había batido todos los récords de la novela fantástica. Llevaba más semanas en las listas de los más vendidos del New York Times que King, Grisham y Cornwell juntos. Y las críticas habían sido pasmosas, se referían a El fuego de la arpía como "la primera novela desde Tolkien que hace respetable a la fantasía". Los fans y los libreros lo habían votado como libro del año. Críticos literarios serios habían estudiado los paralelismos entre mi universo fantástico y los Estados Unidos de la significativa época de los sesenta. Ahora sólo esperaba el imprimátur del jurado que elegía el premio literario más preciado del país.


Tampoco lo daba por descontado. Sabía lo volubles que podían ser los jueces, lo poco que les gustaba que el resto del mundo les dictara qué debían pensar. Sabía perfectamente que el gran éxito que había tenido mi libro podía ser precisamente el factor que me arrebatara mi momento de gloria. Me había hecho a mí mismo un discurso severo ante el espejo del baño del hotel, recordándome los peligros del orgullo. Tenía que mantener los pies en el suelo y quizá no ganar el premio dorado sería lo mejor que me podía pasar.


Val McDermid. "Relatos Inéditos". RBA. Barcelona, 2004.

martes, 9 de febrero de 2010

Apuestas



WILLY NAVES + BUENO
iPop, Oviedo.
Sábado, 6 de febrero de 2010.


Son ya varios los años que la revista "Mondosonoro" lleva apostando por jóvenes valores y bien puede afirmarse que por lo que respecta a Asturias han acertado de pleno en esta edición. Para que ningún enterado nos venga, diez años después, cantando las excelencias de lo ya visto, bien sirve estar en la pomada comprobando como Willy Naves cuenta con un puñado de buenas canciones que harán disfrutar a quienes añoren a los Piratas. Directo serio y contundente, con una banda sin fisuras. Tras ellos, llegan Bueno, que han firmado uno de los mejores álbumes no ya del año, sino de muchos años. Canciones mayúsculas ("Los Brazos Más Largos", "Paila", "Nada Más") que ganan en un directo donde la guitarra de Iván Vallina resalta aún más el valor de un repertorio que les destaca en el pelotón de las posibles apuestas. Veteranos de mil batallas en los noventa, Javi Vallina y los suyos se encuentran en ese estado de gracia donde todo lo que se toca se convierte en oro. Y entre tanta hojalata de quinta mano como pretenden vendernos algunos, eso supone la diferencia que marca, la clase que les define como únicos.

Versos Finales


Miro en el alma y veo

y siento y quiero, y palpo las pinturas

que aquel niño y un hombre hemos pintado

con espuma de mar -en blanco y negro-

y viejos minerales.


Con memoria y destierro en la memoria,

les hemos dado culto, las he dicho.

Pero fue el corazón el que no dijo

las historias más tristes, paso a paso.


Qué lenguaje milagro entre los pulsos,

perdido, forastero,

por lo campos del alma deshabidos.


Así vamos y vamos, peregrinos,

a través de ese juego que nos juega,

consigo mismo a cuestas cada uno

y tanta soledad tan bien guardada,

esculturas en barro, almas y arcilla,

mundos de tierra y agua con su verbo,

historias incurables de tristeza

que en la tristeza plantan con esfuerzo

su tienda cada día. De no hacerlo,

de no irse muriendo en el empeño,

olvidando esa muerte a cada paso,

a cada mido, en nuestra desmemoria,

imposible sería la esperanza,


ya sólo soledad, definitivamente,

la soledad que guardas.


Luis Fernández Roces. "Viejos Minerales". Trea Poesía, 2006.

lunes, 8 de febrero de 2010

Entrevista con Edward Bunker (II)



-Durante esa adolescencia delincuente encontró a Louise Fazenda Wallis, la esposa del célebre editor Hal Wallis ("Casablanca", "Valor de ley", "El Halcón Maltés"…) que le acogió bajo su protección. ¿Cómo transcurrió ese cuento de hadas"?

Estaba en la cárcel para menores de Lancaster. Era una institución reservada par los de dieciocho a veinticinco años. Apenas tenía quince años cuando me enviaron allí. Me quedé unos meses: la represión aumentó y también mi revuelta. Los guardias me hicieron de todo: golpes, privación de comida, gases lacrimógenos… Se solucionó ante los tribunales. El juez me consideró culpable de indisciplina crónica y me trasladaron al L. A. Country Jail, la verdadera cárcel del Condado. El abogado que me representaba en el juicio conocía a la señora Wallis… Cuando murió en 1960, las necrológicas publicadas en el "L. A. Times" decían que era "el ángel de Hollywood"… Era una mujer rara. Procedía de la clase obrera. Em pezó trabajando en el cine en 1915 porque sabía conducir. En aquella época, las mujeres que sabían conducir eran escasas. Por ello, Mark Senté la contrató y se convirtió en una star de los Keystone cops. Cuando encontró a Hal Wallis, sólo era un empleado del departamento de promoción de los estudios. Ella era la star. Su tragedia fue que no podía tener hijos. Cuando se enteró de ello, decidió dedicar el resto de su vida a los demás. No a través de organizaciones caritativas, sino individualmente, caso por caso. Mi abogado le habló de mí.

-Concretamente, ¿qué hizo por usted?

La primera vez, nos paseamos en coche. Era bastante curioso. Tenía la impresión que quería que asesinase a su marido, o algo por el estilo. A pesar de mi edad, captaba muchas cosas, pero, en ese caso, la cosa era ambigua. ¿Estaba buscando un amante? ¿Deseaba tirarse a un jovencito? Al principio, no entendía ni jota. Pero le debo muchísimo. Fue la primera persona que me enseñó que existía otra vida. Me llevaba con ella a los lugares de la jet. Veía a William Randolph Hearst en persona, ¡unos meses antes de su muerte! ¡Estuve en el castillo de San Simeón el día de su muerte! Pero todo eso, no logró arrancarme del hampa. Ella tenía su vida, y yo la mía, nuestros encuentros sólo eran cortos momentos de evasión para mí. Estaba con ella unas horas, a veces unos días, pero luego regresaba a las calles calientes de Downtown… Tenía dieciséis años y frecuentaba a las putas, los macarras, los rateros, todos mayores y más "maduros" que yo. Un día me arrestaron por tráfico de hierba. Hubo una persecución y empotré mi coche en el cruce de Rossmore y Beverly Boulevard. De paso, me llevé por delante otros tres coches y una camioneta. Estaba listo para otra estancia en la cárcel del Condado. Fue una gran ironía vivir esto en las calles de Hollywood. Todo lo que esta ciudad ingenia para fabricar falsamente y para hacer soñar a la gente, yo lo vivía de verdad.

-Durante los años que frecuentó a Louise Wallis, ¿cómo reaccionaba su marido y su entorno hollywoodiano?

La veía a solas, nunca me encontré con Hal Wallis. Tal como ya le he dicho, al principio, desconfiaba de ella, me preguntaba por qué hacía todo eso por mí. Hasta entonces, estaba más bien acostumbrado a no fiarme de la gente, a no esperar nada bueno por parte del prójimo. Era demasiado duro, demasiado cínico. Entonces no me di realmente cuenta de su bondad, de su sinceridad. Encontré a la Sra. Wallis en el momento oprtuno. Había llegado a tal punto en la intensidad de mi rebelión que tarde o temprano me habría matado o me habrían matado. La Sra. Wallis me hizo descubrir aspectos de la vida, lo que me ayudó a frenarme, a calmarme aunque sólo fuese un poco. No es tan fácil cambiar, aunque se esté motivado. Empecé a escribir en aquella época. La Sra. Wallis me regaló una máquina de escribir y, ya ve, pasaron años y años hasta que me convertí en escritor. Cuando acabó mi primera condena en el penitenciario, tenía veintitrés años y me di cuenta que si bien ya no estaba encerrado tras unos barrotes, estaba, sin embargo, excluido de la sociedad. Lo que consiste igualmente en otra forma de encarcelamiento. Ya no tenía socialmente ninguna oportunidad de levantar cabeza, estaba condenado a curros de supervivencia, a los trabajos mediocres y sin interés. No podía conformarme con esto, más valía volver a la delincuencia. Así que no me quedaban muchas soluciones: o me convertía en criminal o en autor. Durante mucho tiempo estuve en la situación del escritor que se autoevalúa. Era algo muy consciente. Observaba mi vida al mismo tiempo que la vivía. Bunker, el escritor, escrutaba a Bunker, el criminal. No pensaba que se tardaba tanto en convertirse uno en un verdadero escritor que publica.

-Comentaba que, al principio, era un lector voraz pero sin rumbo. ¿Fue en la época de Louise Wallis y de su primera estancia en el penitenciario cuando empezó a apreciar a los autores que leía?

Absolutamente. Me enviaba la edición del domingo del "New York Times", en la que viene la sección de libros. Descubría críticas detalladas, debates estéticos, y entrevistas a autores o especialistas… Después de cada lectura, iba corriendo a la biblioteca para leer a los escritores de los que hablaba el "New York Times". Y, créame, leía mucho. De media, tres o cuatro libros por semana, durante años. No me encantaba todo; poco a poco, me hacía más selectivo. Cuando empecé a escribir estaba influenciado por los novelistas americanos urbanos: gente como John Dos Passos, James T. Farell… El mejor, según mi opinión, era Theodore Dreiser, el novelista americano del siglo. No es que sea un tenor con su estilo, su inglés es incluso a veces limitado, pero al cabo de cuarenta páginas, uno está verdaderamente inmerso en el corazón mismo de la vida. Es un autor con una impresionante potencia.


Segunda parte de la entrevista con Edward Bunker realizada por Sergio Ramón Zárate y publicada en el número 4 de "Los Inrockuptibles", mayo de 1992.

domingo, 7 de febrero de 2010

Susana Cáncer "Océanos de Fantasía" en directo

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Hoy en Mieres


sábado, 6 de febrero de 2010

Hoy en Oviedo


Hoy en Mieres

Hoy en Carabanchel


viernes, 5 de febrero de 2010

Hoy y mañana en Gijón


Susan Santos & The Papa´s Red Band en concierto. Sala Savoy. A partir de las 23:55 h.

La amistad es...




"La amistad es la ciencia de los hombres libres"


(Albert Camus)

jueves, 4 de febrero de 2010

Hoy en Madrid


Presentación del poemario: "Parque de Ídolos" (Editorial Difácil) de Rubén Rodríguez.
Intervienen: Ignacio del Valle y Rubén Rodríguez.
Actuación musical del grupo: Tenedor y miedo.
Lugar: Bar Los diablos azules. C/ Apodaca, 6. 28004, Madrid.
Día: 4 de febrero (jueves) de 2010. Hora: 21:00 horas.

Hoy en Oviedo


miércoles, 3 de febrero de 2010

¡Diles que no me maten!



-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.


-No puedo. Allí hay un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.


-Haz que te oiga. Dale tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por la caridad de Dios.


-No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a veras. Y yo ya no quiero volver allá.
-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.


-No, no tengo ganas de ir. Según eso, yo soy tu hijo. Y, si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por fusilarme a mi también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.


-Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mi. Nomás eso diles.

Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo:
-No.


Juan Rulfo. "El Llano en Llamas". Ed. Planeta, 1982.

martes, 2 de febrero de 2010

Al Otro Lado del Espejo nº 2



Ya está en la red el nuevo número de esta revista. En esta ocasión, los ilustradores son: María Couceiro, Peter Jasen (Velpister), Laura Rosal del Rey, Ángel González González, Federico Romero, Pedro Morillas y Daniel Orviz. Y los escritores y poetas son: Antón P. Chéjov, Oscar Sipán, Fco. Javier Irazoki, Alberto Infante, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Giovanna Rivero, Roxana Popelka, Nacho Abad, Juan Pardo Vidal, Mushin Al-Ramli, Déborah Vukušić, Alberto García Salido, Manu Sánchez Vicente, Fusa Díaz, Jara Bedmar, Soledad Dávia, Begoña Leonardo, Javier Das, Yolanda Calahorra, José Ángel Beckett, Batania, Esteban Gutiérrez Gómez. En este link se puede visualizar y descargar en pdf.

A partir de hoy en Madrid


A partir de hoy en Oviedo


S M S



Nun puedo volver a dormir contigo
Dícesmi nun sms concisu
Y directu como un tiru de gracia.
Llámote y nun contestes. Escríboti
Un sms onde confieso la mio perplexidá
Y la señaldá entá la tibia de la to mexella
Que suañaba ayeri sobre´l mio pechu. Silenciu
Reprendes, silenciu repite l´españíu
D´un disparu de ñeve na ciudá.


Mañana ceo marches nun tren
A Suiza, lleves un llibru que conozo, contigo
Lo que vida-y da la vida: Esi temblor qu´agora
Alloñándose m´acadiga. Ye de madrugada
Cuando na calle alzo les solapes
Del abrigu y afatio la bufanda.


Los dientes de la ñeve muerden la piel vulnerable
Del cielo, íntimu corazón de mio que resquiebra.
¡Ah, ser a olvidar! Anubrir la to existencia,
cada imaxe de ti: infructuosa xera.
¡Ah, l´amor, Hidra espantable y inevitable!
¿Onde tarás agora que la nueche
ye un llumaral más rabiosa que la del fueu,
una llamada insistente que fura los oyíos?


¿Onde tas tu? Yá non amada mía. Olvidada de min,
abrazada sombra fugitiva. ¿Onde?
Tu, el mio Zahir, la mio desdicha.


Xabiero Cayarga. "Les Llingües de la Hidra". Trabe, 2006.

lunes, 1 de febrero de 2010

La luna hiena



TEMPLETON+BURBUJAS Y SERES DESPRECIABLES
Kandela, Oviedo.
Sábado, 30 de enero de 2010.


Fue una de esas noches extrañas, de certezas que se quedan a medias, de promesas cumplidas a destiempo, de pertinaz lluvia y encuentros inesperados. Abrieron Burbujas y Seres Despreciables, uno de los grupos más personales que circulan por Asturias, entre pompas de jabón -previamente repartidas entre el público- y un sonido que no terminó de hacerles justicia. Diluidas las guitarras, con una voz que involuntariamente salía de una caverna de ultratumba, superaron otra de esas lecciones que acabarán por consolidarles en ese rock que bebe de múltiples fuentes pero posee el don de lo intransferible, de la personalidad. Templeton saltaron entre tonos de psicodelia vaporosa, con dos guitarras caldeando la atmósfera varios grados. Algo sucedió entonces, echémosle la culpa a la luna llena que invadía la ciudad, pues el grupo se vino abajo, preso de una injustificada indolencia. Cuarenta minutos de una abulia que tiraba por tierra algunas canciones dignas de mejor afán y, como por mágico arte lunar, se despertaron de su letargo hasta rematar uno de esos raros conciertos que recuerdan a esas certezas en la alborada tras una impenitente correría nocturna: pudo haber sido muy bonito, pero llega demasiado tarde.
Publicado en el periódico "La Nueva España" el lunes 1 de febrero de 2010 http://www.lne.es/oviedo/2010/02/01/luna--hiena/867067.html

Entrevista con Edward Bunker (I)



Asistí a los dos conciertos que Johnny Cash dio en los penitenciarios de San Quintín y Folsom. Cash sólo cometió un error con la letra de “Folsom Prison Blues”: es imposible que los prisioneros puedan oír el silbato del tren… También conocí a Merle Haggard. Todos estos cantantes de country son, a su manera, unos outlaws. Les gusta esta imagen, muy ligada al Sur. Pero no soy realmente un fan de música, mi ámbito predilecto ha sido siempre la literatura.
Nací en la Nochevieja del año 35, aquí mismo, en Hollywood, California. Mi madre era una “chorus girl”, incluso trabajó con Busby Berkeley. Mi padre era regidor. Éramos una familia de clase media. Era la época de la Gran depresión, pero no éramos realmente pobres. La depresión lo mataba todo menos la industria del cine, lo que fue una suerte para mis padres. Estaba al corriente de esta crisis económica, veía lo que ocurría a mi alrededor, pero no afectó demasiado a mi familia.

-Formaba parte de la clase media, su familia estaba a salvo de la miseria y, sin embargo, muy pronto, fue a parar a los reformatorios.

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía cuatro años. No podían, o no querían cuidar de mí, y me enviaron a un internado, pero no era muy disciplinado. Cuando me echaban, me confiaban a mi padre. Me quedaba uno o dos meses en su casa, y me largaba. Con mi madre tampoco congeniaba mucho. Un día le dijo al juez de menores que no me soportaba, que era incapaz de criarme… Tenía diez años y nunca olvidaré esas palabras maternales. Desde entonces, no la he vuelto a ver. Pensándolo bien, me parece que he sido un mal bicho desde mi nacimiento…
Con dos años me perdí en San Diego y tuvieron que organizar una verdadera cacería para dar conmigo. Con tres años, me las ingenié para romper el incinerador de basuras de nuestro jardín. ¿Se da cuenta? ¡Es una proeza el romper un incinerador a martillazos con esa edad! Más tarde, cuando iba a los internados, recuerdo la primera vez que me robaron. Debía tener unos doce años y la idea, el concepto mismo de “robar” me era completamente desconocido, no entendía en absoluto cómo alguien se podía adueñar de algo que no le pertenecía… Sin embargo, dos o tres años después, era un ladrón muy competente. Iba a escuelas muy duras, casi militares, instituciones donde se enderezaban las malas cabezas. “¡Haz esto, haz aquello, izquierda, derecha!”. Estaba allí dentro desde los ocho años y me escapaba a menudo. Un día me fui hasta Sacramento… 600 kms., es una buena caminata para un chaval. Llegué allí en un tren de mercancías, igual que un hobo. Así que más bien era un crío atraído por los problemas, un follonero, un camorrista… Y cuando se entra en el sistema judicial de la delincuencia juvenil, se encuentra a otros delincuentes que se convierten en tus amigos y así sucesivamente… Es un engranaje.

Ya que su madre le rechazaba, ¿por qué no vivía con su padre?

Trabajaba, no tenía tiempo para educar a un hijo. Durante un tiempo intentó cuidar de mí, de ofrecerme algo parecido a un hogar, pero, ¡mierda! ya era demasiado gamberro, estaba demasiado sediento de libertad, era demasiado tarde. No hacía nada, trapicheaba golpes poco claros, me iba al cine toda la noche… Me gustaba la calle, prefería mil veces estar fuera que quedarme encerrado en la habitación. Mis compañías eran más mayores que yo. Eran rateros, pequeños truhanes, folloneros. No sé por qué, pero me atraía más esa gente que los escolares modelo. Fue durante ese período cuando me vi involucrado en diversos robos. Para jalar, teníamos que asaltar algún colmado de vez en cuando.

Una vez atrapado en ese sistema, ¿intentó salir de él, recuperar una vida honrada?

No creo que se reflexione mucho con esa edad. Un adolescente piensa sobre todo en vivir plenamente el presente, sin proyectarse más lejos en el porvenir. Vivía día a día. Pero tenía un buen CI, sabía que era más inteligente y listo que la media… Por ejemplo, empecé a leer muy jovencito y, rápidamente, me convertí en voraz lector. Leía mucho, pero sin rumbo, sin ningún tipo de elección, me contentaba con devorar los libros tal como venían, cogía los que estaban disponibles en la biblioteca de los internados o de los reformatorios, según donde me encontrase. Tenía una estantería llena de libros de tapa dura. Prefería las tapas duras porque las podía convertir en un arma y darle en la cabeza a cualquiera que me buscase las cosquillas. Leía los libros sin ninguna conciencia, sin acordarme del autor. La historia me gustaba o no, eso es todo.

¿En algún momento, durante esos años de adolescencia, pensó en regresar al cole o con su familia?

No. Llegado cierto punto, estaba en guerra contra la autoridad, cualquiera que fuese. Ya no podía haber marcha atrás. Con quince años, ya había dado la vuelta completa al sistema judicial para menores. Lo habían intentado todo para domarme, para hacerme regresar a un camino más razonable. Sin mucho éxito. Cuanto más represiva era la autoridad, más me rebelaba. Era una escalada por los dos lados. Era como el título de aquella película de entonces, un “rebel without a cause”. Había leído un libro sobre los inadaptados sociales, esas personas cuyos cerebros funcionan perfectamente, pero su comportamiento es incontrolable. Yo era así, podía funcionar muy racionalmente, pero también era capaz de cometer los actos más inaceptables para el orden social establecido.

¿Cómo ve el Bunker de hoy al Bunker adolescente de los años 50 que se sumerge en la marginalidad?

¿Quién sabe lo que determinó mi destino? La gente que triunfa siempre atribuye su éxito a sus cualidades y los que fracasan invocan, generalmente, la mala suerte. En ambos casos, es más complejo que esto. Yo pienso que somos libres, pero dentro de ciertos límites. Es como evolucionar dentro de una especie de círculo del cual está prohibido traspasar los límites. Evidentemente, no estaba hecho para permanecer dentro del círculo. Mi actitud frente a la autoridad era de no ceder nunca, sobre todo, no tener que doblegarme.

Primera parte de la entrevista con Edward Bunker realizada por Sergio Ramón Zárate y publicada en el número 4 de “Los Inrockuptibles”, mayo de 1992.