lunes, 22 de diciembre de 2014

Piedras

Crónicas de Vestuario. –“Piedras”


Regresaba el Real Oviedo a La Malata, el estadio donde peor imagen ha dejado el conjunto carbayón en lo que va de temporada con la sonora derrota ante el Rácing de Ferrol por cuatro a uno, para enfrentarse al Somozas, uno de los equipos de la zona baja de la clasificación. Y lo cierto es que el once azul comenzó muy metido en la faena y fruto de ello fueron los dos goles de Omgba –gol 5000 de la historia azul- y Susaeta. El equipo jugaba con fluidez,  al toque y con movimientos tácticos excelentes. Los azules parecían querer aprovechar la segunda oportunidad  y poder salir victoriosos de Ferrol.

Pero en el fútbol lo inesperado siempre puede llegar a aparecer en cualquier momento. Cuando mejor jugaba el cuadro azul, con el viento favorable, llegó un balón aislado dentro del área oviedista y la mano absurda de Jonathan Vila para el consiguiente penalti. El partido cambió radicalmente. Llegaron los nervios, las imprecisiones, incluso diría que el miedo. El camino de piedras hasta el objetivo planteado tiene estos episodios y superarlos marca el estar más o menos arriba en la tabla clasificatoria.

La segunda parte comenzaba con un Real Oviedo que trataba de volver a recuperar el mando del partido. Sin embargo, fue el Somozas quien consiguió igualar pronto el choque por medio de Luis Ángel tras un garrafal error de toda la defensa azul, pasiva tras el despeje de Esteban a un disparo aislado desde fuera del área. El equipo carbayón pagaba otra vez muy caro sus despistes. Las nubes se cernían con un mal presagio de maldiciones y oscuridad. El once de Sergio Egea parecía apagarse, mientras los gallegos se crecían y apretaban con convicción a los azules, conscientes de que podía ser su momento. Los espacios se cerraban, el Real Oviedo era incapaz de crear y sufría.

Curiosamente, como si de una devolución caprichosa del destino se tratase, cuando peor estaban los ovetenses llegó otra mano para salvar el partido. Susaeta transformó el penalti y el equipo pareció aliviarse un tanto, hasta que en las postrimerías del encuentro, los verdiblancos volvieron a mostrarse peligrosos y los despistes defensivos regresaron. Fue el momento de que Esteban se erigiera en el valladar del equipo y que estos tres últimos puntos del año viajen a la capital del Principado.

Superar estas piedras del camino, a equipos recios y luchadores de la parte baja, trae el premio de consolidarse en el liderato. Aún quedan muchos meses y muchas piedras, pero terminar el año con este buen sabor de boca permite que la esperanza, lenta, no se apague.


MANOLO D. ABAD
Foto: PABLO LORENZANA
Publicado en el diario "El Comercio" el lunes 22 de diciembre de 2014