Deslices

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jueves, 6 de abril de 2017

Javier Lasheras

Vetusta Blues. -

Javier Lasheras”


No recuerdo cuántos años hace que conozco a Javier Lasheras, pero sí que fue una de esas personas cruciales que consiguieron eliminar mi timidez y lanzarme al ruedo literario. Añorados días en el Café Apolo, donde nos presentó otro esencial en mi decisión, mi querido amigo Rubén Rodríguez. El caso es que Javier Lasheras presentó el pasado martes en la Biblioteca Pérez de Ayala su nueva y premiada novela “Las mujeres de la calle Luna”, con un envidiable lleno, rodeado de amigos y lectores. Pero no voy a hablar de su nuevo hijo literario, aún no leído y que glosó con magistral brillantez y fina sabiduría Jorge Ordaz en la presentación, sino de la dimensión personal de este gran amigo.

Entre muchas de las virtudes que reúne Javier Lasheras, además de su porte elegante, una vasta cultura, una educación exquisita y una enorme capacidad de diálogo, está la de saber amalgamar a gentes de muy distinta condición y, entre ellos, a muchos de los que nos dedicamos al noble oficio de las letras. De manifiesto quedó en su presentación, con escritores como Manuel García Rubio, Juanjo Barral, Miguel Rojo, Rubén Rodríguez, Manuel Herrero Montoto, Lauren García, Olga Rico, Fernando Fonseca, Marcelo Matas, José Havel, Ernesto Colsa, Pepe Monteserín o Esther García, presidenta de esa Asociación de Escritores que tanto ayudó a impulsar, entre el público. En la dimensión humana se sitúa también su labor como gestor cultural, donde brilló su generoso trabajo para la Asociación de Escritores de Asturias, que presidió durante varios años, y, en especial, en las Jornadas Literarias de Pravia. Gracias a él, pudimos conocer en persona a grandes autores, como el llorado Félix Grande, mi admirado Luis Alberto de Cuenca o Javier Reverte, entre otros muchos, y compartir inquietudes en un entorno idílico. Oviedo se pierde a un hombre de cultura que le vendría muy bien para retomar el pulso literario que tanto echamos de menos en la ciudad. No conozco a muchas personas que posean su capacidad para atraer a gentes de muy diversa condición en torno y por las letras, sabiendo situarlas en ese equilibrio donde puedan brillar.

Echo mucho de menos aquellas reuniones y cenas que siempre caían tras nuestras juntas durante su presidencia y, posteriormente, con la de Carmelo Fernández, en las que siempre había ocasión de descubrir lecturas, entusiasmarse con una nueva película o quedarse atrapado por una recomendación discográfica. La intervención de Javier Lasheras me llevó a estas aguas literarias que ahora vadeo. Sólo por eso ya debería rendirle devoción, aunque me conformo con su sincera amistad, sus atinados consejos y su enorme capacidad para ser ese pegamento que une más allá de vanos egos.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el jueves 6 de abril de 2017