Deslices

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lunes, 29 de mayo de 2017

Ni orgullo, ni valor, ni garra



Crónicas de Vestuario. -
Ni orgullo, ni valor, ni garra”

He sido un jugador muy vulgar, un jugador muy normal, pero reivindico esos valores, era pundonor, era saber que estabas en un equipo grande, en un equipo importante y era la única forma de sentirte futbolista. Es que el Real Oviedo encierra mucho y esa camiseta azul creo que fue lo que nos hizo estar arriba con jugadores que eramos normalitos, con presupuestos muy inferiores a los equipos de cabeza.
La gran mayoría, eran jugadores mediocres, y lo sabían. Pero conducidos por unos entrenadores que también lo sabían y eran conscientes de ello, entre ellos Irureta, se grababan “a fuego” ese lema de nuestro himno de “orgullo, valor y garra”, y daban todo y más por la camiseta del Real Oviedo. Y pensaban que el Real Oviedo era un “equipo grande”, y no simplemente como muchos jóvenes de hoy, un escalón"
(Antonio Gorriarán, exjugador del Real Oviedo)



Se veía venir, aunque algunos se empeñasen en cerrar los ojos y en intentar tapar las voces discordantes. El Real Oviedo plasmó en Córdoba uno de los mayores ridículos futbolísticos que se recuerdan en toda su historia. Un insulto a su afición y a su memoria Una ofensa a los valores del equipo azul, a su orgullo, valor y garra.
Fernando Hierro, a quien hace unas semanas le pedimos que tuviera la decencia de dimitir (y nuestros disgustos nos costó y, más que probablemente, nos costará), ha demostrado su incompetencia hasta unos límites que han hecho que el nefasto David Generelo parezca a su lado campeón del mundo. Ha superado sus números, ya de por sí patéticos, en un rush final de tres puntos de veintiuno posibles. A ello hay que añadir la imagen ofrecida por su equipo: desnortado, impotente, desalmado, rutinario, timorato y fallón hasta extremos inimaginables. Una segunda temporada que se vuelven a tirar por tierra unas oportunidades reales. Una segunda temporada en la se matan las esperanzas de una afición que merece alimentarse de ilusiones y sólo encuentra motivos para el enfado, la decepción y el hartazgo. 



Poco queda que añadir al deplorable espectáculo ofrecido en estadio de El Arcángel, un desastre sin paliativos ni excusas que el todavía entrenador azul despachó aludiendo al “carácter” de los jugadores. Se ve que eso de asumir responsabilidades no va con él. Que él es inocente. Que los entrenadores no influyen en el devenir de los equipos. Que no definen ni su carácter ni su forma de juego. Que nada, pasan por ahí, firman el acta y pasan por caja a fin de mes tras cumplir la misión de decir obviedades en ruedas de prensa y colocar los futbolistas como si estuviéramos en una playstation.
Por supuesto,la responsabilidad fundamental pertenece a quien le puso, a quien se ha vuelto a atrever a repetir el mismo error de situar a un aprendiz incapaz de aprender y que tan sólo ha venido al Real Oviedo a hacer su máster, hundiendo a un equipo y una afición, a sus esperanzas y anhelos.

 Un entrenador totalmente incapaz de imponer estilo. Un entrenador timorato y sin carácter, que contagió su debilidad e ignorancia sobre cualquier concepto futbolístico a una plantilla que también ha bajado los brazos demasiado pronto. Una plantilla que sólo hablaba de finales, pero no mostraba el más mínimo compromiso con el equipo ni con su afición ni con la ciudad que le daba cobijo.



Mucho deben cambiar las cosas para que todo esto cambie. Para que se vuelva a confiar en la cantera, a la que Fernando Hierro ha dado la espalda, convirtiéndose en el primer entrenador del Real Oviedo en muchos años que no asciende a un sólo jugador de la cantera (otra muesca para demostrar esa falacia de que venía con un “proyecto de futuro”, ¡menudo futuro con la plantilla más vieja de la categoría y un montón de jugadores de más de treinta años sin otra ilusión que la de cobrar puntualmente!). Para que se contrate a un señor entrenador, con conceptos e ideas claras, con voluntad férrea y autoridad. Para que se haga una limpieza de un vestuario que sólo genera dudas por su repetida actuación en estas dos últimas temporadas donde han echado por tierras las ilusiones de ascenso de la forma más oscura e incomprensible. Para que la afición recupere esas ilusiones que tanto han alimentado a los azules en los peores momentos. Para que, en definitiva, estos vergonzosos e incomprensibles meses no vuelvan a repetirse en el futuro. Para que se devuelva el orgullo, el valor y la garra, que se han mancillado en la nefasta tarde cordobesa y en muchos de los partidos fuera de casa de esta temporada.

MANOLO D. ABAD
Fotos: JOSÉ LUIS GONZÁLEZ FIERROS