viernes, 23 de junio de 2017

Cincuentenarios reencuentros

Vetusta Blues. -

Cincuentenarios reencuentros”


Sé que es muy recurrente eso de regresar al sitio donde estudiaste tus primeros días y llenarlos de amargura, malos momentos, reproches y complejos. Pero no, la generación cuatro (o cinco) que recorrió completa la formación infantil en San Pedro de los Arcos no sabe de acomplejamientos, de tonterías guays, de remilgos, de días en el diván de un psicoanalista. Éramos tipos naturales, duros, muy duros, acostumbrados a que se pasara de largo a través de nosotros, como si nada hubiese pasado. Estábamos ahí, y salvo Javier Muelas y mi querido Paco Fernández, que regresa al Caudal como entrenador, éramos la generación más vieja del lugar. Carlos Navarro, Marco Antonio Sánchez, Ángel Néstor Castro, Beto, Fernando Marqués y yo, ahí estábamos, casi como extraños. Por otro lado, la vida nos mostró que no hacía falta destacar, que había que sobrevivir.

Sí, sobrevivimos a todo, ¡qué cojones! Y ahí estábamos, recordando en el nuevo comedor que ocupaba una parte del viejo (y siniestro, ríase usted de la saga “Saw”) gimnasio donde corríamos como pollos sin cabeza para evitar un terrible balonazo en un juego siniestro que nos enseñó lo que sería la vida próxima de un modo brutal. Javier Martínez, el bedel y alma de los actos de este cincuentenario nos condujo a los lugares perdidos de ese piso bajo: volvimos a ver las espalderas, el potro (el terrible potro), las colchonetas... El sexteto se sintió bien, como liberado. Volvimos a sentirnos fuertes. Las bofetadas de la vida a nuestra generación fueron terribles. Y aquí estamos, esbozando una sonrisa. Deseando un abrazo femenino, todos, pero sabedores que quizás ya somos demasiado duros como para creer en cuentos de hadas. Afortunadamente, no hemos dejado muchos niños en el camino...

San Pedro de los Arcos sigue transmitiendo los valores de libertad que nos preservaron de tantos males. Los que aún nos siguen impulsando, cada mañana, cuando nos levantamos. Acabamos con todos los organizadores en una mesa en la siempre imponente terraza del Café Cadillac y, antes de tener que irme a completar la jornada laboral, pienso que esos son los valores a transmitir. Libertad, fraternidad, un ejemplo contra todo aquello a lo que nos enfrentamos en el día a día.

Y mi orgullo de haber estudiado, de haber vivido mi formación, once años, con la libertad como bandera y con la educación como orgullo de esa persona que conseguí ser en mi querido colegio San Pedro de los Arcos. Eso será imborrable.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 21 de junio de 2017